La faceta paternal de los músicos generalmente se da fuera de los reflectores, aquí algunas buenas excepciones.

El lazo sanguíneo es sin duda uno de los vínculos más fuertes entre los humanos, los rockeros no son la excepción. Historias complicadas, adversas, agradables o inspiradoras, pero siempre determinantes. De hecho, la rebeldía en contra de los padres cimentaría la popularidad del Rock entre los hijos, la inevitable dicotomía. Sin embargo, esos jóvenes músicos no eran inmunes a los efectos del tiempo, y de pronto, se encontraron del otro lado del camino. Con ello llegaron nuevos desafíos y responsabilidades, su descendencia entraría en la ecuación. Así, muchos de ellos encontrarían nuevos bríos en su creatividad y diferentes perspectivas en su realidad, traduciéndose en lo que mejor sabían hacer: canciones. Aquí un pequeño recuento de esas dedicatorias, los temas para los hijos del Rock.

 

Good Night para Julian Lennon

La vida hogareña de John se hizo evidente hasta su segundo matrimonio, con Yoko; desapareciendo de escena por un lustro. Regresaría en 1980, con su canción paternal más conocida, Beautiful Boy (Darling Boy); escrita para su segundo hijo, Sean. Sin embargo, esta no era la primera pieza dedicada a su descendencia. En 1968 ya había escrito una para su primogénito. John había concebido a Julian, al lado de su primera esposa Cynthia, en 1963. El contexto y los intereses de Winston en ese entonces, lo alejarían de ambos. Tal dolorosa situación, se vería mitigada (al menos para el beatle) por un dulce arrullo compuesto para Julian. Cierre del épico álbum The Beatles, y cantada suavemente por Ringo, Good Night era la canción de cuna para su hijo. Aunque la inspiración siempre fue Julian, él no se enteró de ello hasta una década después. John declararía que Good Night había sido escrita para Julian de la misma forma que Beautiful Boy para Sean.

 

Tears in heaven para Conor Clapton

Durante momentos bajos en la relación con su eterna musa Pattie, Slowhand encontró refugio en la modelo Lory Del Santo. Juntos procrearían, en 1986, al segundo hijo de Eric, Conor. God no estaba listo para tal responsabilidad; decidió rehabilitarse de sus múltiples adicciones, a expensas de tiempo con su vástago. Algunos años después, para 1991, la relación comenzó a estrecharse, Clapton había decidido asumir su compromiso como padre. Sin embargo, la tragedia aguardaba. El 20 de marzo de 1991, Conor y Lory se alistaban para una visita al zoológico de Nueva York (donde residían) con Eric. El encuentro jamás se consumaría. El pequeño caería, en un intento por jugar a las escondidas, desde el piso 53 a través de un ventanal recién limpiado y completamente abierto. Absorto e incrédulo Eric tuvo que lidiar con una de las pruebas más duras para cualquiera. Su hermoso homenaje, Tears in Heaven de 1992, serviría de duelo y testamento; Conor aguardaría a su padre en el cielo.

Isn’t She Lovely para Aisha Morris

Después de volverse la estrella más grande del R&B, el hijo pródigo de Motown estaba dispuesto a retirarse de los escenarios. En 1975, Stevie Wonder decidió replegarse de la industria para reencontrar esa motivación faltante, entonces conoció a Yolanda Simmons. Juntos, procrearían a la primogénita de Stevland Hardaway, Aisha Morris. Tal evento, junto a un mejorado contrato discográfico, resultarían en el proyecto más ambicioso de la longeva carrera de Stevie. Songs In The Key Of Life de 1976, contenía 21 magnificas canciones, siendo Isn’t She Lovely una de las más destacadas. Esta comenzaba justamente con el llanto de su pequeña fuente de inspiración, Aisha. Con los años, los llantos se transformarían en una adorable voz, que acompañaría a su padre en las giras alrededor del mundo.

 

Animal Instinct para Taylor Burton

Para mediados de los noventas, pocas bandas gozaban del éxito de los irlandeses The Cranberries. Gran parte de su sonido yacía en la peculiar y poderosa voz de su líder, Dolores O’Riordan. En 1994, antes de publicar su segundo álbum, la vocalista contraería nupcias con Don Burton, tour manager de la banda. De esa relación nacería Taylor a finales de 1997. El nacimiento provocaría una fuerte depresión en Dolores, que pondría en pausa y en duda la carrera de The Cranberries. Pero después de un par de años regresaría al medio, en 1999, con Bury the Hatchet. En el álbum existía una canción con una carga emocional muy especial, que resumía su sentir durante los tiempos oscuros. Animal Instinct había sido escrita para Taylor, y su papel clave en el regreso a los estudio de grabación por parte de su madre. En él encontraría de nuevo la felicidad, el instinto de supervivencia.

 

De esta forma puede comprobarse el impacto del linaje en el Rock, un argumento que siempre llama a los compositores. Algunos otros ejemplos, no menos especiales son Wild Horses para Marlon Richards, Sail To The Moon para Noah Yorke, Stay Up Late para Malu Byrne, Here For You para Amber Young, o Forever Young para Jesse Dylan. Un legado imperecedero para los hijos del Rock.

 

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