Radiohead llevaba más de una década innovando con el sonido de cada disco. Para In Rainbows también lo haría con la forma de venderlo.

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Desde su primer lanzamiento, en 1992, el quinteto de Oxford ha mantenido un espíritu aventurero incansable. Consolidándose como una de las últimas bandas realmente consistentes en su calidad sonora. Uno de los ingredientes clave en su historia es su osadía a nivel musical y extramusical, desde los arreglos y producción hasta el arte y el formato de sus lanzamientos.

 

Thom, Colin, Ed, Phil y Jonny formarían ‘On A Friday’ en 1985, durante su estancia en la preparatoria de Abingdon en Oxforshire, Inglaterra. Después de algunas intermitencias por su partida a la universidad (excepto Jonny), retomarían el proyecto con nuevos bríos en 1991. Cuando EMI los firmara con la condición de un cambio en su nombre, el cual hacía referencia al día de la semana de sus ensayos. Así nacería Radiohead, renombrados en honor a una canción de sus referentes musicales, The Talking Heads.

 

El éxito fue inmediato, casi precipitado; cuando su primer sencillo Creep se transformara en un himno en varios rincones del orbe. Opacando así su primer álbum, Pablo Honey de 1993, que en retrospectiva sería su esfuerzo más modesto, por no citarlo como mediocre. Este humilde punto de partida en realidad sería un trampolín para una historia impecable e innovadora. Una evolución marcada con cada lanzamiento. Comenzarían con el épico The Bends de 1995, con tres poderosas guitarras alineadas por una atmósfera casi desoladora. La fórmula parecía infalible, sobre todo por el pleno auge del Britpop, sin embargo decidirían dar un gran salto hacia otra dirección. Maquilando la obra cumbre de la década de los noventa, el OK Computer de 1997. Con el cual lograrían, aparte de fama internacional y aclamación crítica, vigorizar al Rock con complejos tintes electrónicos pocas veces escuchados antes o después de su lanzamiento.

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Sorpresa trás sorpresa

En otro inesperado movimiento, a la luz del nuevo milenio, sorprenderían de nuevo con Kid A, el santo grial del Rock Electrónico. Una ‘caja de Pandora’ para la música que vendría después. La cual, para bien o para mal, no regresaría a su estado físico común (descargas, mp3, p2p, etcétera). De ahí seguiría Amnesiac de 2001, que contextualizaría y profundizaría los hitos marcados por su antecesor. Con la rampante expectativa de su siguiente jugada, Radiohead lanzaría, en 2003, Hail To The Thief. Dando una pequeña tregua a su trepidante carrera experimental, sin llegar a obviarla por completo.

 

Todo ese desdoblamiento creativo desbordaría los acordes para incursionar en terrenos aledaños. Innovando no sólo en los sonidos de In Rainbows del 2007, también lo harían en su lanzamiento.

 

La banda había terminado contrato con su disquera y por fin eran autónomos para la publicación de sus obras, ¿cómo lo harían? Apoyándose en el poder del mundo digital, lanzando una bomba comercial inusitada. Una oferta nunca antes vista. El álbum, que sería otra ecléctica joya, no tendría un precio de venta. Radiohead pondría todo In Rainbows, en medio electrónico, disponible por el precio que cada persona quisiera pagar, una singular democracia, convirtiéndose en el primer grupo en ofrecer tal negocio. De esta forma los arriesgados ingleses publicarían su más intrépido álbum, un álbum de tan sólo un centavo. Marcando pauta para los más arrojados del Rock presente.

Aunque algunas cifras del arriesgado negocio han sido detalladas; el hecho que In Rainbows haya vendido más que sus dos esfuerzos anteriores es muy revelador. Tal vez un centavo vale más que toda una disquera.

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