Dos años en la cima bastaron para que Jerry Lee Lewis “The Killer” desbordara el Rock&Roll con actuaciones frenéticas e incidentes controvertidos.

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Jerry Lee Lewis es la encarnación perfecta del estereotipo censurado por la sociedad estadounidense de los años 50. Un músico sureño de cabello largo, que tocaba el piano de manera salvaje, e incitaba a la juventud a liberarse con sus extravagancias dentro y fuera del Rock and Roll. Una figura polémica, un mito construido alrededor de una personalidad excéntrica, obstinado en vivir cada día al límite.

 

El virtuoso pianista de Louisiana comenzaría a crear su leyenda desde muy temprano. Sería expulsado, a los 14 años, de su escuela por tocar una versión Boogie-Woogie de My God is Real. Obviamente jamás se disculparía por ello ante el director. Justo esa irreverencia y determinación lo hicieron viajar a Memphis, Tennessee. Una vez ahí, impresionaría con su técnica y actitud al propio Sam Phillips, propietario del mítico Sun Studios. Jerry Lee se colocaría como un pilar fundamental en la creación del Rock and Roll.

 

La fama y reconocimiento desarrollaron la personalidad explosiva y competitiva de Lewis detrás del piano. Al verse limitado en sus movimientos durante sus conciertos, The Killer comenzó a liberar toda su energía de maneras inusuales. Ya fuera pateando su silla y tocando de pie, golpeando exageradamente las teclas, parándose completamente encima del piano, e incluso tocándolo con los zapatos.

Nadie se mete con The Killer.

El castigo al piano por parte de Jerry Lee llegaría a su cumbre en un acontecimiento que ha sido confirmado y desmentido en varias ocasiones. Sin embargo, al tratarse de “The Killer” la anécdota no suena tan descabellada:

 

Corrían los primeros meses de 1958 y por esos días era rutinario que varias personalidades del Rock&Roll salieran de gira juntos. De tal suerte que Elvis, Johnny Cash, Buddy Holly, entre otros, tocaban uno después del otro. Esta vez sería diferente, Jerry Lee Lewis no aceptaría ser de nuevo el acto secundario de Chuck Berry. Tras interpretar casi todo su repertorio ante un auditorio cada vez más enardecido, tomó una lata de Coca Cola llena de gasolina, la vació al interior del piano, encendió un cerillo, lo lanzó al combustible y comenzó a tocar Great Balls of Fire mientras su instrumento ardía en llamas. Al finalizar, se retiró tras bambalinas, miró desafiante a Berry y le dijo –¡Es tu turno Chuck!

 

Después del piano en llamas, las locuras de Jerry Lee continuarían para beneplácito de su joven audiencia. Pero hubo una que fue demasiado lejos, la cual terminaría por truncar su asenso en las listas de popularidad. Uno de los secretos más oscuros de su vida personal sería descubierto en mayo de 1958, mientras estaba de gira por Inglaterra. El Asesino había contraído nupcias con su sobrina lejana un par de años antes. ¿El problema? Ella tenía apenas 13 años, en comparación con los 22 de Lewis. Además, él seguía casado con su primera esposa.

 

Su fama jamás sería la misma, pero su trascendencia en la escena musical ya estaba escrita. La pericia y, sobre todo, la fiereza de Jerry Lee Lewis detrás del piano jamás serían igualadas. Tendría que pasar casi una década para que un instrumento fuera reducido a cenizas sobre el escenario (léase Jimi Hendrix). El rubio pianista se convertiría en referente para cada músico interesado en piano en la historia del Rock. ¡Nadie se mete con The Killer!

 

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