En búsqueda de experiencias más profundas, The Who se embarcaría en un proyecto tan ambicioso como complicado: la creación de un Acorde universal.

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Pete Townshend, Roger Daltrey, John Entwistle, y Keith Moon unidos bajo The Who, habían mostrado la faceta más explosiva de la Invasión británica, cara de la subcultura Mod británica a principio de los sesenta. Un verdadero huracán que patentaría el remolino al tocar la guitarra, la destrucción de la misma en el escenario, el bajo como instrumento protagonista y el salvaje desapego al golpear la batería; con “My Generation” y “The Kids Are Alright” como perfecto testimonio de esta primera etapa demoledora de la banda londinense.

 

El ímpeto juvenil de los primeros años de The Who rápidamente progresaría a terrenos más profundos (musicales y contextuales), así que después de una ligera aproximación a la Psicodelia en 1967 con “The Who Sell Out”, Pete Townshend glorificaría la Ópera Rock con la historia de un chico ciego, sordo y mudo en “Tommy”; el poderío de la banda se focalizaría al relato de historias más allá de su contenido sonoro. Esta evolución del grupo fue muy bien recibida por la audiencia así como por la crítica y fomentaría el espíritu aventurero de su líder, quien tramaría un proyecto aun más ambicioso, una propuesta multi-sensorial, el proyecto de su vida: Lifehouse.

 

Lifehouse repercutiría más allá de la música, la historia y el concepto, una idea bastante compleja que incluso su creador tendría dificultades en explicarla; la parte narrativa y visual de la obra, que se traduciría en una película, se situaba en un futuro distópico, en el cual la gente, ante su imposibilidad de vivir en el exterior altamente contaminado, sólo tenía experiencias simuladas por un traje conectado a una matriz, la cual era controlada por el dirigente de un conglomerado corporativo, esta miserable situación sería redimida a través de “Bobby” y la música Rock. Musicalmente, la idea de Pete era hacer partícipe a la audiencia utilizando la vibración sonora de cada individuo, una nota personal que reflejaría su historia y su espíritu, la cual se uniría a las demás notas del auditorio creando un acorde que salvaría a la utópica sociedad; el Acorde universal que restauraría la armonía del mundo.

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El multidisciplinario proyecto enfrentaría complicaciones desde el principio, comenzando por su concepción así como la confusión de las personas que lo ejecutarían, hasta la puesta en escena dentro del teatro Old Vic de Londres, estando ahí, los asistentes no comprendían lo que sucedía a su alrededor, no participaban como se esperaba y reclamaban las viejas canciones de The Who. Los problemas seguían acumulándose al grado que al paso de medio año de duros reveses y cero resultados Townshend, a la Brian Wilson, sufriría una crisis nerviosa y el proyecto sería pospuesto indefinidamente.

 

Sin embargo, el fatídico desenlace de Lifehouse se transformaría en el mayor éxito de The Who, quienes, después de la recuperación de Pete, utilizarían los temas que habían grabado para la película como base para un álbum directo, un álbum que resumía el poderío de la banda sin pretensiones, un álbum que revelaba su magnífica evolución sonora; “Who’s Next” marcaría el cenit de la carrera de Townshend, Daltrey, Entwistle y The Loon, el balance perfecto entre la forma y el fondo, con interpretaciones voraces escoltadas por significados inspiradores, uno de los mejores documentos de los setenta; el proyecto inconcluso trascendería como el mejor de todos sus proyectos.

 

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