En su quinta visita a la la Ciudad de México, Sir Paul McCartney volvió a regalarnos un concierto inolvidable.  

Resulta difícil serenarse y ser neutral al hablar de Paul McCartney, más si visita a nuestro país. Ya han sido cinco ocasiones, y para mi enorme fortuna, he podido estar en cada una de ellas. Desde aquella inmejorable primera gira en 1993 con The New World Tour, hasta On The Run Tour de 2012. Ahora, 24 años más tarde de su presentación en el Autódromo de los Hermanos Rodríguez; el One On One Tour vuelve a dejar una enorme marca en los eventos memorables para la música en nuestro territorio.

 

El recinto (pequeño ante el ex-Beatle) fue el Coloso de Santa Úrsula. La fecha, 28 de octubre de 2017. La hora 21:17. El acorde Fadd9. Así, con todo el poderío de A Hard Day’s Night, Sir James Paul McCartney daba el banderazo a otra velada inolvidable.

 

Los minutos anteriores a tal explosión habían estado acompañados por una selecta lista de temas de Macca como solista, los cuales retumbaban pletóricamente en cada rincón del estadio. Las canciones estaban acompañadas por imágenes de su vasta carrera. De tal suerte que Coming Up sonaba mientras fotografías de la Beatlemania, JFK, Linda, Neil Young y demás,  eran proyectadas en las tres pantallas del escenario. Una ligera lluvia serviría de preludio, hasta el gran Tláloc se alinearía con los planes de Sir Paul.

 

Un Paul a la mexicana.

Una vez arrancado el concierto, las pulsaciones se mantendrían altas y constantes. Fiel a su legado, Paul McCartney no daría tregua durante 160 minutos. Enfundado en sus clásicos tacones cubanos, pantalones oscuros ceñidos, camisa azul a la Mao y un blazer marino de estilo militar; Paul recorrería numerosos lugares dentro de su discografía. Si bien sus canciones medulares e interacción con el público han sido las mismas desde hace varios años. La íntima interpretación de Blackbird mantiene su estremecedora esencia. El lujo de poder corear Hey Jude entre hombres y mujeres continua animando. La pirotecnia durante Live And Let Die sigue siendo sorpresiva y espectacular. Y el épico cierre con Golden Slumbers, Carry that Weight, y The End, jamás será superado.

 

El público mexicano, reconocido por su entrega y pasión, arropó a Sir Paul como de costumbre; y él le correspondió con creces y “un poquito de Español”.  Soltaría frases memorables como “¡Son a toda madre!” “México, ¡te amo!” Recordando cómo aprendió Castellano en su natal Liverpool con “Tres conejos, en un árbol, tocando el tambor. Que sí, que no, que sí lo he visto yo.” De igual forma, presentaría su ofrenda Here Today “para su carnal John”. Sin embargo, el momento más emotivo en nuestro idioma, se daría al finalizar Nineteen Hundred and Eighty-Five, con una manto de luces cubriendo el recinto por completo y Sir Paul gritando la consigna de solidaridad y unión después del sismo del 19-S: “¡Fuerza México!”.

 

Algunas gemas “recientes” fueron reveladas con Save Us, My Valentine, Queenie Eye, New y FourFiveSeconds.  Las cuales no desentonaron entre himnos de la talla de Can’t Buy Me Love, Got to Get You Into My Life, I’ve Got a Feeling, We Can Work It Out o Let It Be. Sin dejar atrás los éxitos de su carrera en solitario y con The Wings, Letting Go, Maybe I’m Amazed y Band on the Run. Todas interpretadas con ese toque de frescura e ímpetu de Brian Ray, Rusty Anderson, Abe Laboriel Jr., y Paul Wickens, quienes han acompañado a Paul por casi dos décadas.

 

El momento histórico y otras trivias. 

La mayor sorpresa para los fanáticos fue la inclusión de un extracto de The Back Seat of My Car. Aunque sólo entonó la línea de We may end up in Mexico City varias veces, el asunto no fue menor. Marcaría el debut de esta canción en vivo. Desde su lanzamiento en agosto de 1971, jamás había sido presentada en directo por Macca. Un inédito honor a nuestra ciudad.

 

Algunas curiosidades más de la memorable presentación fueron: In Spite of all the Danger, primer tema grabado por The Beatles en la historia. La explicación detrás de You Wont See Me, y de cómo algunas canciones fueron compuestas basadas en un riff. La dedicatoria al desaparecido Sir George Martin con su primer éxito como banda: Love Me Do. La alusión directa a Jimi Hendrix y The Rolling Stones, con el final de Let Me Roll It y I Wanna Be Your Man respectivamente. El tributo a John con la psicodelia de Being for the Benefit of Mr. Kite! Y el himno pacifista de Give Peace a Chance. Y el entrañable recuerdo, con ukulele y fotografías gigantes incluidas, a George Harrison con Something.

 

¡Muchas gracias Paul!

De esta forma, y por quinta vez, Paul McCartney cautivaría completamente al ombligo de la Luna. Con el simple hecho de subirse al escenario bastaría para redimir el costo de la entrada; sin embargo es sumamente admirable que a sus 75 años, con una carrera inmortal y todos los objetivos cumplidos, McCartney se entregue de esta forma a la música. Ya sea entonando agudas y punzantes notas, ejecutando múltiples instrumentos, compartiendo abrazos y canciones con fanáticas, y hasta coqueteando con la audiencia. Una leyenda que no duerme en su palmarés, un titán que abre e invita a su mundo, un héroe que se muestra agradecido. Un dios del Rock and Roll; el cual todavía podemos presenciar y admirar; y ¡vaya que lo disfrutamos! ¡Muchas gracias Paul!

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