Jimi Hendrix es el guitarrista zurdo más famoso del mundo, pero parte importante de su encanto proviene de su mano derecha.

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La imagen de Jimi Hendrix tocando una Fender Stratocaster invertida es un ícono en el imaginario del Rock. Pocos guitarristas pueden equipararse con su mito y ninguno de ellos lo hacía con la mano izquierda como batuta del rasgueo. Sin embargo la cualidad zurda de James fue un habilidad muchas veces reprimida.

 

Johnny Allen pasaría la mayoría de su infancia ahnelando una guitarra. La imaginaba como un refugio para la disfuncional relación con su padre Al Hendrix. Sin embargo fue hasta los quince años, en 1958, cuando su deseo se materializaría. Adquiriendo su primer guitarra. James Marshall, el nuevo nombre que su padre le otorgó después de un tiempo sin verlo, comenzaría a recuperar el tiempo perdido, practicando varias horas al día. Prontamente se enfrentaría a un doble desafío, ambos propiciados por su condición zurda.

 

Primeramente debía reconfigurar la disposición de la guitarra para que éstas se ajustaran a un agarre inverso. Esto no era un arreglo menor. Casi la totalidad de los instrumentos habían sido diseñados para diestros, con la cuerda más ancha y grave colocada en la parte superior y la más delgada y aguda en la inferior. Igualmente, el puente y el capo se ajustaban a los anchos de las cuerdas y los mecanismos giraban con las manecillas del reloj para apretar y al revés para aflojar. Todo lo cual debía modificarse para el fenotipo de Hendrix.

 

En una segunda instancia, Johnny sufriría otra más de las embestidas de su padre. Quien consideraba (como muchos en su época) el ser zurdo como una condición perversa, casi diabólica. Lo obligaría a trasladar todas esas adaptaciones a su vida cotidiana, como el escribir o comer, a su nueva afición. De tal suerte que James tendría que tocar diestramente en frente su padre y siniestramente a solas.

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Cruzando barreras

Ambos obstáculos serían superados con creces por la determinación inmutable del oriundo de Seattle. Desarrollando una técnica extraterrenal a su paso. Tocando la guitarra de maneras inimaginables. A diestra y siniestra, literalmente. Esa maestría lo auxiliaría en sus épocas castrenses y como músico de apoyo, pero sobre todo lo guiaría al Olimpo del Rock.

 

Comenzaría en los clubes nocturnos de Nueva York en 1966, para emigrar a la agitada escena londinense unos meses después. Ahí, James volvería a cambiar su nombre. Convirtiéndose en Jimi Hendrix; el nuevo dios de la guitarra. Un ser mitológico que se fundía con el instrumento, un guitarrista que no solamente tocaba diferente, se veía diferente. Aquellos ajustes y experimentos para su zurdera desarrollaron un talento especial en él. Un talento que le permitía conocer la guitarra de abajo hacía arriba, de atrás hacía adelante, de izquierda a derecha, reconociendo cada recoveco de su instrumento casi instintivamente. Un talento mágicamente siniestro.

 

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