Un año antes de la Beatlemanía, The Tornados abrirían la caja de Pandora de La invasión británica en los Estados Unidos. 

A mediados de los sesenta, la industria norteamericana se encontraba copada de bandas británicas. Todas ellas habían retomado las enseñanzas del Blues y el Rock and Roll americano, para irrumpir gloriosamente en las bocinas del nuevo continente. The Beatles, The Rolling Stones, The Who, The Animals, sonaban sin tregua, modificando la cultura con sus compases. Manfred Mann, Them, The Kinks, Herman’s Hermits y muchos otros, harían recordar al público americano la excitación vivida algunos años atrás. Un fenómeno de profunda trascendencia bautizado como La invasión británica o La ola inglesa, una nueva era del Rock.

 

La cumbre de esta invasión tendría un nombre propio, la Beatlemanía; la cual ilustraba el fenómeno a la perfección. El cuarteto de Liverpool había aterrizado en los Estados Unidos a principios de 1964 para conquistar el nuevo mundo. A partir de entonces, los actos británicos arribarían como en casa en las listas de popularidad de su antigua colonia. Sin embargo esta ola había comenzado algunos meses antes, casi de manera inadvertida.

 

El inicio de la invasión

The Tornados eran la creación de un innovador; Joe Meek, un productor, ingeniero e inventor del sudeste de Inglaterra. Un visionario que transformaría la forma de hacer música desde su modesto estudio de grabación (un pequeño cuarto rentado). Sería pionero en técnicas de grabación y tratamiento de audio. Compresión, reverberación, microfoneo, sampleo, distorsión, y muchas más excentricidades que modelarían su peculiar sonido. Al lado de Alan Caddy, George Bellamy, Roger LaVern, Heinz Burt y Clem Cattini formaría, en 1961, a The Tornados. Una banda instrumental en sintonía con la agrupación seminal The Shadows. La tormenta estaba cerca.    

 

Para agosto de 1962 lanzarían Telstar, una oda astral compuesta en honor al satélite de comunicación del mismo nombre. La canción incluiría todos los aderezos propios del sonido Meek. Efectos sonoros caseros, instrumentos electrónicamente modificados, distorsiones y compresiones recargadas; todo cobijado por una melodía tan sencilla como perenne. Pieza clave en el mundo de ciencia ficción. El sencillo sería un éxito rotundo, vendiendo más de cinco millones de copias en el mundo.

 

Lo verdaderamente extraordinario se viviría en diciembre del mismo 1962. Mes en el cual Telstar alcanzaría la posición de privilegio dentro de la lista de popularidad por excelencia en Estados Unidos, la Billboard Hot 100. El hito estaba marcado: The Tornados eran la primera agrupación británica en alcanzar el número uno al otro lado del Atlántico. Los brecha inicial estaba abierta, el tornado marcaría la fundación de La Invasión británica. Sin embargo, la ola no llegaría de golpe. Pasarían trece meses, febrero de 1964, para que I Want To Hold Your Hand de The Beatles ocupará el primer lugar en la misma lista. De ahí en adelante, el festín británico se serviría en las mesas de Norteamérica.

Un final agridulce

Lamentablemente la historia para Joe Meek y The Tornados no terminaría cubierta de gloria como sus coterráneos que llegaron después. Inmerso en una disputa legal por los derechos de autor de su obra Telstar, ahogado en deudas, y sin recibir un centavo por las regalías de su éxito transatlántico. Meek terminaría con su vida justo ocho años después del Día que murió la música, fatídica coincidencia de no ser por su ferviente admiración hacía Buddy Holly. El 3 de febrero de 1967, Joe se suicidaría en su estudio, después de dispararle a su casera con una escopeta.

 

El trágico final del responsable de abrir la caja de Pandora se mitigaría unas semanas después, cuando la querella fuera resuelta a su favor en los tribunales. Pero lo más importante en su legado vendría en los años consecuentes, con la transformación del Rock mediante esa invasión. Todos esos actos extranjeros hicieron mella en la escena norteamericana, quienes respondieron al embiste británico con esfuerzos no menos honorables. Primero a través del Garage, luego con la Psicodelia. La ola dejaría un aporte positivo al reunir y religar lo mejor de ambos mundos. Una invasión como unión.

 

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