El siniestro Club de los 27 tiene un origen casi maldito con su primera víctima: Robert Johnson.

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La muerte de cuatro personalidades del Rock a finales de los sesenta y principios de los setenta (justo cuando se encontraban en su vigésimo séptimo año de vida y en la cúspide de sus carreras) originarían diversas teorías acerca de las raíces de este Club. Jimi Hendrix, Janis Joplin, Brian Jones y Jim Morrison eran artistas consagrados, pero las adicciones y quimeras personales terminarían de manera abrupta sus prometedoras carreras. Aunque dichas muertes podrían ser parte de una coincidencia meramente estadística, la leyenda tiene un inicio bastante sugerente: una maldición sobre el Rey del Delta Blues, Robert Johnson.

Los datos acerca de la vida, obra y muerte de Robert Leroy Johnson son escasos y confusos. Sin embargo existe unanimidad acerca de dos fechas clave en su historia: su nacimiento en mayo de 1911, y su muerte 27 años después, en agosto de 1938. Lo sucedido durante ese periodo es incierto y poco documentado, con la excepción de la grabación de 29 temas, sobre los cuales gravita el mito de primer gran héroe del Rock. La piedra angular del Club de los 27.

Robert era un aficionado al Blues que tocaba la guitarra y la armónica mediocremente en su natal Mississippi. Solía interpretar temas populares en las calles del Delta a cambio de algunas monedas. La impresión que dejaba en quienes lo escuchaban era penosa, siendo burlas y recriminaciones el común denominador. Tal rechazo obligó al joven Johnson a desaparecer de su pueblo natal, para comenzar un viaje que cambiaría su destino. Con el paso de las décadas, cambiaría también el destino de muchos otros que le siguieron.

El nuevo y maldito Robert Johnson.

Robert Johnson regresaría siendo otro, un músico completamente diferente, con una técnica impecable. Un sonido de guitarra que no parecía de este mundo y una interpretación entrañable. Sus composiciones develaban parte del misterio, Cross Road Blues y Me and the Devil Blues eran las respuestas detrás de esa increíble transformación. Robert había vivido su versión de Fausto o Paganini. Una encrucijada entre las carreteras 49 y 61 en Clarksdale, Mississippi. En dicho lugar, a media noche, el mismo Mefistófeles le ofreció un pacto: le afinaría su guitarra a cambio de su alma. A partir de esa afinación satánica Robert regresaría a conquistar el mundo. Las personas y músicos que se habían mofado de él unas semanas atrás, ahora se encontraban maravillados. Así se convertiría en el centro de atención en cualquier escenario, teniendo a la fama y fortuna como sus mejores aliadas.

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Sin embargo el pacto no podía quedarse sin pago. El Diablo vendría a reclamar su parte y poco tiempo después el fatídico desenlace tomaría la vida del primer Rockstar. El cual terminaría sus días agónicamente, entre convulsiones y vómitos, bajo los influjos de un supuesto veneno. Robert Johnson se convertiría así en el miembro fundador del Club de los 27. El maleficio apenas comenzaba, y se extendería a más de una docena de músicos que acabarían sus días en la cima de sus respectivas carreras. Desde Alan Wilson de Canned Heat en 1970, hasta Kurt Cobain de Nirvana en 1994. Un maldición que continúa ampliando sus filas con socios del funesto club.

 

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