Bob Dylan forjó su carrera en el Folk, cuando decidió “electrificar” su sonido, la recepción no sería la esperada.

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Robert Allen Zimmerman comenzaría su carrera musical a los 19 años, en 1961. Abandonando su natal Minnesota para probar suerte en el resurgimiento del movimiento Folk Americano. Focalizado en el Greenwich Village de Nueva York. Un movimiento basado en el alto involucramiento político, la solidaridad social y el rechazo a la guerra. Todo homogenizado bajo una serie de principios e ideales afines, que tenían en las canciones de protesta su principal vehículo expresivo.

El joven Bob Dylan dejaría una impresión inmejorable en este renacimiento del Folk. Al interpretar en vivo con una crudeza y franqueza notable. Así presentaría una serie de composiciones que en muy poco tiempo se convertirían en himnos. Con tan sólo 21 años Bob Dylan se había convertido en el portavoz del movimiento y, con ello, de toda una generación de jóvenes inconformes con la situación política de su país. Los temas contenidos en su segundo álbum (The Freewheelin’ Bob Dylan) Blowin’ in the Wind, Masters of War y A Hard Rain’s A-Gonna Fall no sólo eran la cúspide de las canciones de protesta, sino que encarnaban plenamente el espíritu de los Estados Unidos a principios los sesenta.

Los tiempos son un cambio.

Sin embargo el enorme talento de Bob Dylan no se limitaría con escribir canciones de protesta de por vida. Su agudeza como escritor e interprete se desperdiciaría, incluso su personalidad y visión le prohibían apegarse a un solo movimiento. La famosa Invasión británica, comandada por The Beatles, sería el impulso justificante de la primer mutación de Dylan. De tal suerte que para 1965 Bob electrificaría su sonido. Reclutando así, a una banda completa de Rock para grabar su quinto álbum Bringing It All Back Home.

 

Tal transformación no pasaría desapercibida y su recepción dentro del Folk fue ríspida y negativa. Bob Dylan los había traicionado y ellos no se quedarían callados. Así que en una de su primeras presentaciones “eléctricas” en el Newport Folk Festival (mismo lugar en el cual lo habían coronado dos años antes), el 25 de julio de 1965, al comenzar las primeras notas de Maggie’s Farm, los abucheos y protestas no se hicieron esperar y sólo cesaron quince minutos después cuando Bob se retiró del escenario.

 

La traición no había sido saldada por completo. Unos meses después cuando Dylan presentaba su nueva faceta en Manchester, un asistente indignado le gritó –¡Judas! Durante un silencio entre canciones; Bob contestaría –¡No te creo, eres un mentiroso! Comenzaría a tocar Like a Rolling Stone, no sin antes ordenarle a su banda –Toquen jodidamente fuerte. Era una realidad, el Folk Americano estaba acéfalo, traicionado por su propio mesías.

La bendición de la traición.

Fue así como Robert Zimmerman cambiaría no sólo las reglas del Folk, ya que su transformación obedecía a una estética más allá de un género. Bob Dylan le había enseñado al mundo entero que las letras eran tan importantes como la música dentro de una canción; que la inspiración venía desde la introspección, y que la expresión personal trascendía más allá de cualquier movimiento. Por ello, el Rock no sólo había sumado a sus filas al mejor solista en toda su historia, sino que había sido transformado profunda y permanentemente. Una traición transformada en bendición.

 

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