Con cinco décadas de vida, el Rock parecía languidecer; un último renacimiento germinaría de cara al nuevo milenio.

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A principios de la segunda mitad del siglo pasado, un emergente estilo musical sorprendería al mundo entero. El Rock invadiría no sólo las consolas y bocinas, sino que permearía la cultura de cada uno de los países tocados por sus vigorosos ritmos y pegajosas melodías. Un fenómeno con un empuje tan vasto que iría expandiéndose hacia lugares insospechados. Una vida que parecía perpetua.

El Rock evolucionaría con el paso de los años, reinventándose e incluso, cual Hidra, renaciendo con mayor fuerza después de algún descalabro. Una sucesión difícil de recapitular nacida del básico y divertido Rock & Roll. Contrapunteado por la seminal British Invasion. Seguido por el visceral Garage Rock en combinación con el Frat Rock. Dando vida al onírico Psychedelic Rock. Para continuar con la exploración a través del Acid Rock y el Avant Garde/Experimental Rock. Todo detonaría en un abanico excepcional de géneros en la génesis de los setenta. Hard Rock, Space Rock, Progresive Rock, Glam Rock, Opera Rock, Art Rock, Blues Rock, Rock Pop, Kraut Rock y algunos otros que verían su primera gran implosión con la aparición del subversivo Punk Rock. Un punto de inflexión más trascendente de lo estimado.

 

La primer muerte del Rock que recordaría sus orígenes así como la pérdida de centro, resultado de innumerables aventuras en tres gloriosos lustros.

 

Una segunda vida.

La estocada sería aprovechada por nuevos ritmos que paulatinamente ganarían presencia a costa del Rock. La música Electrónica, el Hip Hop y el Pop, en sus múltiples variaciones, representarían el gusto musical de gran parte de los ochenta. Sin embargo la llama no estaba extinguida por completo. Se avivaría mediante reinterpretaciones de aquellos excitantes sonidos de los sesenta con el Alternative Rock, College Rock, Grunge, Britpop, Shoegaze y varios revivals de géneros consagrados. Estos inyectarían nueva vida durante el cambio de década hacia los noventa. Aunque el poder de la guitarra había regresado, su impacto sería menor al original y la segregación musical empujaba a el Rock hacía un terreno menos universal. Un nicho menos preponderante.

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En el ocaso del milenio la industria musical se colmaría de fórmulas probadas. Ideas prefabricadas e imágenes seductoras que se poco se relacionaban con el espíritu rebelde y creativo del Rock & Roll. Este languidecía lenta y dolorosamente. El ocaso parecía inminente de no ser por una nueva oleada de puños insurrectos que negaban su muerte. Gestando así el último renacimiento del Rock. Honrando al pasado adaptándolo a su presente, abrazando sus raíces mientras experimentan con el futuro, transfundiendo el eclecticismo y la inmediatez al coraje y la protesta. Un nuevo Rock alrededor del viejo, el pretérito como actualidad. The Strokes, The White Stripes, The Black Keys, Arcade Fire y similares como el último bastión del Rock. Quizá un gran viaje ha llegado a su fin; quizá uno nuevo, completamente diferente, esta a punto de comenzar.

 

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