Con la mejor voz de su generación, Jeff Buckley tenía una prometedora carrera por delante, la fortuna tenía un plan diferente.

jb2

Como único vástago biológico del héroe folk-psicodélico de los sesenta, Tim Buckley, Jeffrey Scott siempre vivió bajo la forzada comparación paternal. Sin embargo su relación se limitaría al simple apellido y a un breve contacto cuando él tenía ocho años. Un año después, en 1975, “Scottie” Moorhead (por el apellido de su padrastro) se enteraría de la trágica muerte de su padre a causa de una sobredosis. A partir de ese momento se haría llamar Jeff Buckley, iniciando su propia y funesta historia.

 

Aún con la fama y renombre de su padre, Jeff tendría que abrirse camino por sí mismo. Tocaría la guitarra en diversas bandas de varios estilos en su natal California. Sólo para buscar mejores oportunidades en Nueva York a principios de 1990. Al no encontrar la fortuna esperada, comenzaría a desarrollar canciones como solista con un estilo peculiar. Un estilo confeccionado por su facilidad detrás de las seis cuerdas y, sobre todo, su potente y sofisticada tesitura vocal.

 

Comienza su propia historia.

En una segunda aproximación a la Gran manzana, producto de un concierto tributo a su padre en 1991, Jeff imprimiría los primeros vestigios de su legado musical cantando cuatro canciones de su padre. Entre las que se incluían una acerca de él y su madre (I Never  Never Asked To Be Your Mountain), y una cantada gloriosamente a capella (Once I Was). Un tributo catártico y detonador. A continuación desarrollaría una serie de conciertos a pequeñas audiencias en Manhattan. Agregando esa intimidad y delicadeza a su operística voz. Llegaría su irremediable firma con Columbia Records y posterior lanzamiento de su álbum debut, Grace de 1994.

 

Su primer disco advertiría de manera irrefutable sus capacidades de composición, pero fundamentalmente su fortaleza interpretativa. Una excepcional voz capaz de texturizar cada paraje, de dramatizar cada palabra y de mantener en vilo al más incrédulo. Una voz honesta y profunda, seductora y audaz. Simbolizada en canciones como Lover, You Should Have Come Over, Grace o la magnifica reinterpretación a Hallelujah de Leonard Cohen.

 

Un trágico final.

Después de una recepción positiva crítica y comercial, Jeff Buckley enfocaría sus esfuerzos en un nuevo álbum. La gestación My Sweetheart The Drunk sería igual de intempestiva que sus primeros acercamientos al terreno musical. Una vez grabadas la mayoría de las tomas en Nueva York, Jeff se mostraría insatisfecho con el resultado. De esta forma, el 29 de mayo de 1997 viajaría a la cuna del Rock, Memphis, Tennessee, para grabar el disco nuevamente. Esa misma noche Buckley nadaría en el río local. Cantando mientras se alejaba de la orilla, fundiéndose entre el agua y la luz de la luna. Adentrándose a un camino sin retorno. Jeff Buckley no sería visto hasta seis días después, cuando su cuerpo, inmóvil e inerte, emergiera nuevamente. La voz que había maravillado y que prometía una carrera exultante había encallado, la voz definitiva de su generación había callado. Una voz silenciada antes de tiempo.

 

Para conocer las historias detrás del Rock, escucha Delorean todos los miércoles de 21:00 a 23:00 horas.