Detrás de la estridencia y visceralidad de Nirvana, sobresalen simples pero contagiosas melodías, pilares del éxito dentro de la historia reciente del Rock.

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El trío de Seattle impactaría, profunda y sorpresivamente, la industria musical a principios de los noventa. Liberando al Rock alternativo del confinamiento comercial sufrido desde su génesis. La corriente principal era dominada por el Pop y el Hair Metal, cuando Kurt Cobain, Krist Novoselic y Dave Grohl retomaron el control (por última vez para el Rock) de las listas de popularidad.

 

Nirvana emergió como una exitosa mezcla de elementos clave dentro del breviario del Rock. Retomando la dureza de Black Sabbath o Led Zeppelin. La insurrección de The Stooges o Sex Pistols. Y la dinámica arranca-para de The Pixies. Unido por las letras íntimas y muchas veces crudas de su vocalista. Esa propuesta híbrida entre el Hard Rock y el Punk se redondearía con un catalizador vital en la formula: la predilección por una buena melodía. Esta característica sería inculcada en Kurt por el cuarteto más famoso de la historia. Esa aparente simplicidad de The Beatles, influiría en la composición durante toda su carrera. Así, germinaría el sello contrastante e irresistible de la banda, aunque no fueran los pioneros o los más aventurados.

 

Kurt Donald Cobain explotaría esa dualidad a la perfección. Acompañando a los ritmos pesados y riffs estrepitosos con melodías directas y muy pegajosas. Melodías que, una vez percibidas, difícilmente abandonarían los oídos del escucha; que sobrepasadas por la angustia y desesperación de las letras, no dejaban de retumbar en la mente del receptor. Melodías que se almacenarían directo en el subconsciente.

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La obra cumbre

El ejemplo perfecto de esta peculiar cualidad sería el Nevermind de 1991. El álbum que resume el mito de la banda y el cual los llevaría a un incómodo estrellato. Con canciones que hablaban de frustración por la apatía de toda una generación, desprecio por la ignorancia, las falsedad de las apariencias, o la depresión y ansiedad. Un disco casi perfecto que, además de cambiar las reglas de la industria, marcaría su generación y varias posteriores. Transformando una docena de temas en himnos que a la fecha son entonados sin mayor esfuerzo.

 

La historia de la banda terminaría de manera abrupta. Siendo la naturaleza contradictoria de Kurt Cobain una de las principales causas en su infame suicidio. El cual lo uniría al sombrío Club de los 27, llevando al extremo su dualidad cuando terminó siendo parte de lo que él más aborrecía. De manera póstuma, a finales de 1994, fue publicado MTV Unplugged in New York. En el cual, además de mostrar el talento acogedor del trío, se manifestaba la cualidad prima de la banda: melodías directas y contagiosas (la mayoría suyas y algunas prestadas) que funcionaban de la misma manera eléctrica y ruidosamente que acústica e íntimamente. Nirvana había demostrado, una vez más, el poder y alcance de una buena melodía.

 

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