Después de un par de magníficos e inadvertidos álbumes. Nick Drake se desprendería de todo, excepto de su guitarra acústica, para lanzar su último esfuerzo: Pink Moon.

Nick Drake había conseguido un contrato discográfico en 1968, a la corta edad de 20 años. Descubierto por Ashley Hutchings, bajista de Fairport Convention, quien quedó impresionado por las habilidades y la proyección del joven guitarrista. Bajo la tutela y producción de Joe Boyd, el misterioso inglés comenzaría la grabación de su debut.

 

Aun matriculado en Literatura Inglesa dentro de la Universidad de Cambridge, Nick Drake lanzaría Five Leaves Left en 1969. Un sutil, pero impresionante despliegue de refinadas melodías, profusos arreglos de cuerdas y alientos, y una voz tan calmada como misteriosa. De poco serviría el ambiente poético y dramático creado Nick, una indiscutible gema del Folk-Rock entero. El disco fue ignorado por la crítica y por el mercado, una dura derrota para el cantautor nacido en Birmania.

 

Además del pobre recibimiento en las tiendas, la historia en sus conciertos no sería tan diferente. La poca interacción de Nick con la audiencia, el largo tiempo de espera entre canciones mientras ajustaba sus complicadas afinaciones, y las poco convencionales estructuras de las canciones; lo alienarían de la escena. Sin embargo, decidido a probar su valía, se reagruparía para lanzar, en 1970, su segundo álbum: Bryter Layter. El disco exploraría otra faceta, más rítmica (incluiría batería) y complaciente. El resultado sería excepcional, otra obra maestra del género; ecléctica y relajada, suave e inquieta. ¿La recepción? Otro punzante revés; uno casi fulminante. La frustración por la falta de éxito se transformaría en algo más lóbrego.

 

El principio del fin.

 

De naturaleza reservada y sombría, casi arcana; Nick Drake se replegaría aun más. El aislamiento fomentaría su depresión, el consumo de drogas, e incluso su psicosis. Una desafortunada combinación que, pese a la dificultad, concluiría en la obra responsable del culto a su figura, Pink Moon. Frágil y absorto, Nick desecharía todo lo superfluo, enfundado únicamente con su voz, su guitarra acústica y algunos acordes en el piano. Su pericia detrás de las seis cuerdas de nylon no era desconocida, pero la inventiva y originalidad de sus composiciones para el disco, reafirmaban su recóndito talento. Afinaciones atípicas, rasgueos indescifrables, arriesgadas disonancias, modulaciones, clústers tonales. En fin, una prodigiosa demostración de los alcances de la guitarra acústica.

 

Las grabaciones del Pink Moon se darían en un par de noches del otoño de 1971. Únicamente un desdibujado Nick y su ingeniero de audio recurrente, John Wood. Llegaría al estudio casi a media noche para registrar, según sus propias palabras, lo último que le restaba por grabar. Así, las once canciones comprendidas en apenas 28 minutos, serían la representación más sincera del atormentado músico. Aquel alto y espigado hombre que, para esas alturas, hablaba en monosílabos y no miraba a los ojos; de pronto compartía su esencia, confesada al oído. Directa, profunda y contundentemente.

 

La recepción del álbum, lanzado en 1972, lograría, sorpresiva y cruelmente, nublar los resultados de sus antecesores. Vendiendo menos y ocupando espacios mínimos en las críticas especializadas. La luz de Nick no resistiría mucho más. Pronto se retiraría de la música, y regresaría a vivir a casa de sus padres con severos desórdenes mentales. Mismos que fueron menguando su ánimo y apariencia. Un par de años después, lo inevitable llegaría. Nick sería encontrado sin vida por su madre, recostado boca abajo en su cama. La fatídica fecha: 25 de noviembre de 1974; la causa: una sobredosis de antidepresivos para terminar con su angustia.

El legado de Nick Drake comenzaría a ser propiamente valorado una década después de su partida. Siendo inspiración de múltiples héroes del naciente Rock alternativo; e irónicamente, vendiendo más discos en un fin de semana que en toda su carrera, después de que Pink Moon (la canción) fuera utilizada en un comercial televisivo. De esta forma se cerraría el ciclo tan anhelado por Nick, a casi 30 años de su muerte. Dejando un gran viaje en el camino. Un arriesgado periplo hacia las fibras más sensibles de la oscuridad mundana; depresiva, melancólica. Sin embargo esa oscuridad es presentada tan bella y serena, que parecería absurdo aspirar a algo más.

 

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