Como lanzamiento en Latinoamérica de su Infinite Content Tour, Arcade Fire desbordó el Auditorio Nacional con un selecto recorrido por su discografía y un tributo a México.

Foto por @shencu

Para su tercera visita a territorio mexicano, el colectivo tejano-canadiense eligió el gran recinto de Paseo de la Reforma. Un Auditorio Nacional que mutaría para recibirlos, al verse liberado de toda la sección inmediata al escenario de las formales butacas. Convirtiendo el serio auditorio en una curiosa arena, la cual les permitiría acercarse de palmo a palmo con el público. Fieles al hábito de cercanía e interacción con sus seguidores. La noche del 29 de noviembre de 2017, develaría otro gran concierto de Arcade Fire en La región más transparente. Uno que se sentiría muy mexicano.

 

Al filo de las 21 horas, y después de un bailable y tropical set de los colombianos Bomba Estéreo, las luces cedieron terreno a la oscuridad y a La quinta de Beethoven (en su versión Disco). Una gran bola de espejos al centro del Auditorio Nacional y el escenario convertido en un parcial cuadrilátero de box excitarían a la impaciente audiencia. Un famoso presentador al tradicional estilo Las Vegas (con algunas fallas de sonido) daría la bienvenida a la banda. Las cuatro megapantallas mostrarían al grupo tras bambalinas, para su ansiada irrupción por el costado de las plateas. Everything Now (continued) sonaba al fondo y Arcade Fire se preparaba para la “pelea”. La velada era prometedora.

Una vez instalados en el gran cuadrilátero, con el pase entre cuerdas correspondiente; la banda no escatimó en energía y canciones memorables. El octeto de músicos que integran Arcade Fire en vivo llenarían cada resquicio por más de dos horas. Las dos pantallas arriba del escenario complementarían el espectáculo. Animaciones, fragmentos de videos musicales, livecams con efectos especiales, kisscams, fotografías, karaoke, y hasta David Bowie deleitaban el apartado visual del concierto.

El recorrido sonoro fue bastante representativo de su discografía, con una inclinación natural por su reciente álbum, Everything Now. Si bien este disco, en honor a la subjetividad, es el menos destacable de su inmaculada carrera, jamás desentonó en vivo. Fueron incluidos hasta ocho temas de esta producción; la cual parecía haber sido lanzada hace varios años, por la recepción y coros de la audiencia. Everything Now y Signs of Life abrieron de forma potente el repertorio. Electric Blue encumbraría la siempre aguda interpretación de Regine, con esa sensualidad y teatralidad características. Creature Comfort y un incendio simulado marcarían el impactante cierre del primer segmento. Finalmente, un triple combo conformado por Put Your Money on Me, We Don’t Deserve Love, y Everything Now (continued), engalanarían el encore.

 

No faltaron las clásicas joyas de su primer esfuerzo Haiti, Neighborhood #3 y Rebellion, siempre atinadas, siempre bien recibidas. Con Intervention, Reflektor y Sprawl II, demostraron porque son considerados como la banda más relevante de la actualidad. Una evolución que no se queda sólo en sus grabaciones, también lo transportan a sus presentaciones.

 

El entusiasmo y solidaridad con nuestro país se sintió en muchos pasajes de su presentación. El primer momento realmente conmovedor se dio antes de la suntuosa No Cars Go; cuando Win Butler, en un entendible castellano, revelaría la labor altruista de la banda. Se donarían parte de las entradas a las labores de reconstrucción por el sismo del 19-S. No conformes con dicha sorpresa, al final de Ocean of Noise saldría a escena un mariachi; mexicanizando los arreglos finales de la canción. En The Suburbs, el homenaje sería claro “Esta canción la dedicamos a los que perdieron a alguien en el terremoto.”

Para su regreso tras una merecida pausa, varios integrantes de la banda se enfundarían en una chamarra beisbolera con el eslogan de moda, Mexico is the Shit. Al final, el mariachi se fundiría de nuevo con el grupo para la vibrante Wake Up. Los característicos coros serían reinterpretados a modo de una coda muy mexicana. Para la salida, volverían a utilizar el pasillo entre secciones (por el que entraron). Esta vez serían escoltados por guitarrones, vihuelas, violines y trompetas que seguían entonando la pegajosa melodía de la séptima pista de Funeral.

De esta forma, con una especie de callejoneada en pleno Auditorio Nacional, Arcade Fire se despediría, por el momento, de la Ciudad de México; arropados al máximo por un público agradecido y enteramente satisfecho. Una verbena mexicana que quedará en nuestras memorias como infinita. ¡Muchas gracias Arcade Fire!

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