En este 2016 tuvimos un par de pérdidas sensibles; con esta ofrenda, en el día de los fieles difuntos, los recordamos.

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El quinto hermano

Por los estudios de EMI, la Parca merodeaba

Atraída por los versos de cuatro hermanos

Detrás de la consola siempre avistaba

A un rubio catrín de rasgos sofisticados.

 

Es como su padre, pensaba sonriente

A cada petición asienten sin cuestionar

Desde correr al primer baterista incipiente

Hasta las voces de John doblar.

 

¡No es posible que suene tan bien la orquesta!

Admirada, vociferaba la Señora Penas

¡Ha vuelto a mezclar un par de temas!

¿Acaso escucho otra trompeta?

 

Al cabo de ocho años la función acabaría

La calaca se retiraba desolada

Ansiando un regreso acecharía

Esperando con su hoz afilada.

 

En un arrebato a un par se llevaba

Aquella reunión sería imposible

Pero aquel londinense impasible

Todavía una última sorpresa guardaba.

 

Mezclaría viejas cintas al lado de su hijo

Y en Las Vegas mostraría su mágica mano

Y la fría dama resolvía el acertijo

Era George Martin el quinto hermano.

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La última fachada

Otro londinense a La parca inquietaba

Por Robert David Jones ella lo conocía

Se movía tan rápido que jamás lo alcanzaba

Él mismo se sepultaba; ella, trabajo pedía.

 

Algunas veces duque, otras perro de diamante

Con plumas, plataformas y diamantina

Lo mismo en la luna que en el suelo de Marte

Confundiendo por años a La dentina.

 

Bajando la marcha después de cincuenta años

Su sutileza jamás perdería

Pero en ello, La tiesa vería

El momento perfecto para sus negros paños.

 

Atacando su centro metabólico

Ella por fin cumplía su cometido

Mientras el mundo, le lloraba melancólico

El gran David Bowie parecía abatido.

 

Su sombría túnica se colorearía

Y su pesado caminar en baile se transformaba

No contaba que Lázaro así lo planearía

Y que su partida sólo era otra fachada.

 

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