Además de las canciones inspiradas o dedicadas a los mejores amigos del hombre, existe una en particular que está hecha para ellos.

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En el vasto espacio de la inspiración, los animales han sido terreno fértil para grandes composiciones. Ya sea a un nivel meramente ilustrativo como el sencillo de garage/surf de 1963, Surfin’ Bird de The Trashmen. El cual únicamente se sirve de la fonética corta y pegajosa de la palabra bird (pájaro) para darle sentido rítmico a su canción sin otro significado profundo. Otro ejemplo, a nivel metafórico, se encuentra en la apocalíptica Monkey Gone to Heaven de los Pixies (1989). En donde el simio del cual trata la canción, es en realidad la raza humana. Finalmente nivel literal como en Rock Lobster de The B-52’s (1978), en donde además del cangrejo de río que le da título a la canción, también se mencionan varios organismos acuáticos como mantarrayas, pirañas o bagres.

 

En una aproximación más personal, hay varias melodías memorables en honor las mascotas de sus autores: Como la hecha para Sam, el gato siamés de Syd Barrett y presentada como Lucifer Sam en la primera entrega psicodélica de Pink Floyd de 1967. Old Shep, original de Red Foley y popularizada por Elvis Presley, dedicada a “Hoover” el pastor alemán de su creador. Delilah del álbum Innuendo de Queen, la cual está inspirada en la gata favorita de Freddie Mercury, un apasionado por los felinos.

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La primer canción para perros

Más allá de las inspiraciones o dedicatorias, existe una obra que utiliza a los animales, en especial a los perros, como su audiencia primaria. Una obra maestra de los genios de Liverpool. Antes de develar su nombre, debemos reconocer la restricción del oído humano en comparación con el canino. Sobre todo en el espectro auditivo, en donde nuestro límite superior (20,000 hz) es mucho menor que el de los perros (65,000 hz). De esta forma existen sonidos que sólo son percibidos por los canes, justo ahí es donde Paul y John plasmarían su genialidad.

 

La idea provenía de las frecuencias subsónicas. Pero la inspiración tenía un par de vertientes poco conocidas hasta el momento. La primera era un discreto guiño al Pet Sounds de The Beach Boys, influencia marcada para los Fab Four. La segunda era una faceta desconocida de Paul, su afinidad por las mascotas. En especial por los perros, divisable en varias composiciones con The Beatles y como solista. Martha My Dear o Jet por citar algunas.

 

El tema en cuestión es del año 1967. El álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. La canción A Day In The Life. Esa gema que además de mezclar dos composiciones distintas de McCartney y Lennon, incluiría una sección inaudible para los humanos. Un sonido contenido enseguida de los acordes finales de los tres pianos de Abbey Road. Una frecuencia para todas las mascotas peludas que comienza a partir del 5:05. El contenido jamás lo escucharemos, pero la reacción de nuestros pequeños amigos tal vez pueda dar alguna débil señal. Así, The Beatles divulgarían la primera canción en el Rock, o al menos un fragmento, literalmente para perros.

 

Para conocer las historias detrás del Rock, escucha Delorean todos los miércoles de 21:00 a 23:00 horas.